Las grandes empresas en ocasiones descuidan y deterioran su imagen de forma estúpida.
La sede de Mapfre en Alboraia, de la cual soy cliente, cambió de ubicación aprovechando el cierre de una horchatería, ahora disponen de unas instalaciones más grandes y en una zona más prestigiosa. Un cambio a mejor en plena crisis.
Al abandonar la antigua oficina deciden dejar los rótulos, pensando que consiguen muchos impactos en posibles clientes. «Dejamos los rótulos a modo de valla publicitaria y no nos cuesta un duro», parece una idea estupenda pero no lo es; a pesar de haber colocado varios carteles informativos de nos hemos trasladado, ridículos en tamaño comprados con el de se vende.
En estos momentos los rótulos están sucios, la fachada deteriorada y tiene un aspecto triste como tantos otros locales abandonados por empresas desaparecidas por culpa de la crisis. Y cualquier transeúnte que visualice la escena en el actual escenario económico y que desconozca el traslado de oficinas que tuvo lugar hace algo más de un año piensa: «hasta Mapfre cierra la paraeta» ya que no se acerca a leer los mini carteles del traslado. De modo que el impacto se produce, pero el efecto es el contrario al deseado.
Para colmo de males, en la esquina de enfrente hay otro local sin actividad donde una caja de ahorros iba a abrir una oficina y tras arreglar el inmueble decidió no abrir. Generando la sensación de depresión económica en la zona, a diferencia de aseguradora la caja de ahorros retiró todo símbolo corporativo.
Si yo fuera el director de comunicación o marketing de Mafre, desarrollaría un protocolo de abandono de instalaciones, es de una torpeza absoluta y un despropósito para la reputación corporativa.
Tengo muy claro cómo lo habría solucionado yo. Los tirones de oreja son un regalo (todo director de cualquier departamento sabes que detectar un fallo es casi siempre más caro y complicado que solucionarlo), pero los consejos y las estrategias de comunicación los cobro.
Resultados económicos de Mapfre 2011
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